La última frontera

samovar-1312703_1920El reloj va tiñendo la tarde de gris roedor mientras acuden, sin apresuramientos que puedan hacerlas visibles, a la convocatoria de cada primer viernes de mes. Cargadas con arrobas de vida, sabiduría y discreción, han conseguido ser grises entre el gris, negras sobre el negro o blancas entre las nevadas invernales.

Se despojan de sus abrigos y de su apariencia de viejecitas desamparadas antes de pasar al salón. Hoy toca el de la música, el mes anterior el azul y el próximo el de las aves del paraíso. Rotación tras rotación, año tras año, vida tras vida. Cada vez son menos, la guadaña se cobra inmisericorde su tributo periódico pero la magnitud de su tarea les impide flaquear.

En el rincón habitual humea ya el samovar muy caliente, necesitan una provisión constante de té de jazmín para digerir su trabajo. En las tazas el dragón permanece oculto; solo se deja ver cuando la luz de algún candelabro ilumina su base al acercarlas a la boca. Sobre una mesita taraceada el humo vertical de un pebetero con incienso indica la ausencia de aberturas y presencias clandestinas.

—Señoras, vamos a comenzar. Dejen las tazas y tomen sus notas.

Tintineo discreto de porcelana que da paso a un silencio sepulcral, únicamente alterado por el rumor del papel al desperezarse.

—El Teorema Q ha reaparecido.

En segundo plano y en tono coral resuenan cuchicheos de sorpresa y disgusto: “El Teorema Q otra vez”, “¿cómo es posible?”, “No estamos preparados todavía” “es demasiado pronto”, “pero quizá”, “no, imposible”.

—Todas sabemos lo que hay que hacer, no podemos vacilar en la misión, es nuestra encomienda y nuestro deber. La decisión es firme, no hay alternativa.

Asentimientos mudos acompañan la sentencia, sin dudas, sin disidencias, es su obligación y su elección.

—Cumplamos el protocolo y antes de irnos aseguremos el sigilo.

Un humo oscuro abandona aquella vasija de latón oscurecido testigo de tantas reuniones, al quemar las notas.

—Ahora y como siempre antes de marchar, cerremos el círculo uniendo vuestras manos y repitamos juntas: ¡Sabiduría y Conocimiento aseguran un Futuro!

Una a una salen a la calle donde se desvanecen entre la gente, no existen, no son nadie, nunca han estado allí.

Pasado un tiempo la otrora brillante carrera de un joven investigador, como antes la de muchos otros, se interrumpe. Lo que antes eran felicitaciones y parabienes se convierten ahora en trabas y problemas. La investigación flaquea hasta que es abandonada. En la mayoría de los casos no son necesarias otras soluciones.

La oportunidad del conocimiento es vital para la humanidad, pero no siempre está preparada para recibirlo. Alguien debe velar por ella poniendo límites y seleccionando los avances apropiados para asegurar el futuro.

Ellas son las guardianas de la última frontera.

 

Bartolomé Zuzama i Bisquerra. Valladolid, 17/X/2015

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